La ballena cantora por excelencia, la auténtica María Callas del mar, es la Yubarta Megaptera novaeangliae. El canto es diferente en subpoblaciones diferenciadas entre distintos océanos e incluso entre distintas subpoblaciones en el mismo océano. Esta plasticidad metapoblacional desaparece sorprendentemente cuando hablamos de cada una de las poblaciones, en cuyo seno los machos –el único sexo cantor- entonan alegremente todos la misma melodía. Es como si las diferencias de matiz dentro de la misma melodía –tono, potencia, entonación, etc- fueran suficientes para diferenciar los distintos ejemplares, de forma tal que no se necesita un grado mayor de variación. Estas ballenas muestran un canto estable hasta el momento en el que un macho, inopinadamente, altera el patrón introduciendo una variación en la canción. Este cambio es adoptado rápidamente por el resto de machos, de tal forma que al poco todos vuelven a cantar igual, pero una nueva canción. En este sentido la especie se muestra innovadora a la hora de variar su canto, pero conservadora a la hora de aceptar las diferencias. Es como si percibieran una ventaja adquirida por el nuevo cantor frente a las hembras, y debieran neutralizarla adoptando rápidamente el nuevo canto como propio. Un ejemplo maravilloso de selección sexual y del fenómeno denominado la ventaja del fenotipo raro, descrito originalmente en moscas del vinagre mutantes para el color de ojos. En el caso de la especie humana, se puede expresar con la fórmula del musical de Broadway y película Los caballeros las prefieren rubias, con Marilyn Monroe de protagonista.

Pero ¿por qué cantan las Yubartas? Aunque parece claro que tiene relación con procesos de selección sexual –puesto de manifiesto por el hecho de que únicamente un sexo cante, como en las aves canoras-no se sabe si cantan para atraer a las hembras, o para repeler a los machos rivales, o ambas cosas a la vez.
En las aguas australes las yubartas se encuentran en primavera al E de la isla principal, aprovechando para alimentarse y criar a sus terneros en la zona de la Gran Barrera. Entre 1995 y 1998, el equipo de Michael Noad estuvo grabando esta población en sus migraciones N-S de primavera y otoño. En 1995 y 1996 la canción de moda varió ligeramente por causas evolutivas, pero sorprendentemente aparecieron dos ejemplares –de un total de 82- entonando un aria totalmente diferente. En 1997, de un total de 117 machos grabados, la población se repartía entre viejos rockeros y nueva ola, con tres ejemplares entonando cantos híbridos, con temas procedentes de ambas poblaciones; en 1998, en una rápida evolución cultural, todos los machos cantaban la nueva canción.
El nuevo canto era sorprendentemente similar a la canción migratoria de una subpoblación cercana pero a la vez aislada respecto a la población del E. Era la población del W de Australia. Ambas subpoblaciones cantan canciones muy diferentes y el nivel de intercambio genético entre ambas es bajísimo. Existen ejemplos similares de cantos tribales, exclusivos de subpoblaciones determinadas de aves canoras. Lo que no se ha descrito hasta ahora es una modificación cultural tan rápida y radical de un rasgo tan específico .
Años después, en 2011, Garland et al (2011) descubre que la ola de transmisión cultural no se queda en Australia del Este, sino que se prolonga a lo ancho del Pacífico. La transmisión cultural puede prolongarse de forma vertical –a través de los progenitores a las crías-, oblicua –vía parientes cercanos- u horizontal –entre individuos no emparentados de edad similar. El canto de la yubarta se desplazó en un periodo de 11 años, de forma horizontal y en dirección E. Lo más formidable fue la velocidad a la que se produjo el avance de esta ola cultural: en 2003 se produjo el avance de la llamada “canción roja” al E de Australia, donde se produjo la rápida sustitución de ”la canción azul”. No quedó ahí el asunto: la canción roja avanzó con las poblaciones de yubarta a lo ancho del Pacífico, en dirección E, alcanzando Nueva Caledonia en 2004 y la Samoa americana en 2005. En 2008 no quedaba rastro de la canción roja o azul, ni en Australia, Samoa o Nueva Caledonia, siendo sustituidas por nuevas canciones, más a la moda.
Un ancho canto –y no debe haber canto más ancho que el de la yubarta- puede desplazarse en dirección E del Pacífico, impulsado por la capacidad canora de un cetáceo cosmopolita, y los mecanismos de selección sexual que operan a lo largo de su ciclo vital. La posesión de un canto original, potente y flexible, confiere ventaja adaptativa y incrementa la eficacia biológica de este taxón; su capacidad de mímesis de los temas exitosos nos sugieren una elevada inteligencia. Y nos invitan a concluir que, en definitiva, no sólo en aeroplanos o en ondas de hertzio a través del éter viaja el deseo.

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