¿Qué es el color?

De colores,
De colores se visten los campos en la primavera.
De colores,
De colores son los pajaritos que vienen de afuera.
De colores,
De colores es el arco iris que vemos lucir.
Y por eso los grandes amores de muchos colores
Me gustan a mí.

Color es la manera que nuestro cerebro tiene para ver las energías de la radiación electromagnética.

¡Hala! ¡Te habrás quedado descansando!

¡Jeje! La verdad es que es todo un palabro eso de “radiación electromagnética”, así que vamos a ponerle el mote de REM. Recordemos que la REM se trata simplemente de un campo eléctrico y de un campo magnético que oscilan o vibran de manera simultánea, cada uno perpendicular al otro, al tiempo que esta vibración se propaga justo en la tercera dimensión, “pa’lante”. El espectro de energías de la REM es amplísimo, y puede ir (de energía mayor a menor) desde los rayos gamma, rayos X, ultravioleta, visible, infrarrojo, y radio. La energía de la REM se mide por la longitud de onda (la distancia entre dos crestas o dos valles) de la vibración en cuestión, en cuyo caso a más longitud de onda corresponde menos energía; de manera equivalente, se puede medir por su frecuencia (que es proporcional a la inversa de la longitud de onda), en cuyo caso a más frecuencia más energía.

700px-EM_Spectrum_Properties_es.svgLa verdad es que hay una palabra más familiar para referirnos a la REM; cotidianamente la conocemos como ‘luz’. Lo que pasa es que ‘luz’ se reserva para el rango de energías de la REM que somos capaces de ver directamente con nuestros ojos. La luz, o luz visible, cubre un diminuto rango de energías de la REM; en términos de la figura adjunta, vemos los colores de la luz visible en un rango de 0.4 a 0.7 micrones (millonésimas de metro), que corresponden a los extremos azul y rojo del espectro visible. A valores más pequeños ya no la vemos y la llamamos ultravioleta; a valores mayores tampoco la vemos y la llamamos infrarrojo, etc. Así que nuestro sistema visual, formado principalmente por los ojos y el cerebro, es capaz de percibir de manera directa la radiación electromagnética, e incluso somos capaces de discriminar entre diferentes energías de la REM, y justo a esas es a lo que llamamos colores: las diferentes energías de la luz (o sea, del espectro electromagnético que vemos directamente). Sería divertido si de manera análoga pudiéramos ser capaces de percibir directamente las ondas de radio (por poner un ejemplo); en ese caso, podríamos ‘sintonizar’ directamente nuestros cerebros para oir directamente la radio o ver directamente la televisión dentro de nuestra cabeza sin necesidad de ningún cacharro como un televisor o una radio. ¡Jeje!

kauf5_10Sí, ya sé lo que os estáis preguntando. ¿Cómo es que podemos ver la luz pero no otras energías de la REM, como los rayos X o las ondas de radio? Bueno, la verdad es que supermán sí que tiene visión de rayos X, pero es que él viene de otro planeta alrededor de otra estrella. ¡SÍ! Justo esa es la respuesta:¡el Sol!¡nuestra estrella! El Sol, como todo objeto caliente, emite radiación electromagnética con una cierta distribución de energías (figura), y resulta que la superficie del Sol, que está a unos 5800 grados, emite el máximo de energía en el rango de la luz visible. Es por eso que los animales terrestres hemos evolucionado un sistema de detección de la radiación electromagnética que está finamente ajustado para detectar el máximo de la radiación que viene del Sol, la infalible fuente de energía de la vida en nuestro planeta Tierra.

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La ruta del bakalao

La ruta del bakalao

En 1984, tras visitar los Tras-os-montes y el alto Duero y participar en el Congreso luso-iberico de genética, descubrí que Oporto no olía a su delicioso vino, olía a bacalao: en cada esquina de la parte vieja de la ciudad unos ultramarinos –porque de ultramar venía- vendían kilos, toneladas de maravilloso bacalao salado. No creo que haya país en el mundo más vinculado histórica y gastronómicamente hablando que los portugueses y su bacalao, producto estrella de su plato nacional, el bacalhau à brás, y sus más de 300 –una por día- formas de prepararlo. Hasta los años cincuenta del siglo pasado Portugal mantuvo una flota a vela –la flota blanca y sus maravillosos lugres de cuatro palos y hasta sesenta metros de eslora- que partiendo de Lisboa, recalaban en las Azores y se aventuraban en primavera hacia el W, rumbo valeroso hacia los caladeros de Terranova. Allí se la pasaban meses, pescando los flemáticos y enormes peces desde pequeñas embarcaciones auxiliares de madera, vela y fondo plano, los doris, con capacidad para uno o dos hombres. Desde estas embarcaciones se calaban líneas de palangre, se recogían una vez cumplido su trabajo y después descargaban en el lugre que actuaba como buque nodriza. En las tripas del lugre el pescado era limpiado y salado convenientemente, para permitir su conservación y transporte de vuelta a la metrópoli. En un viaje típico esta goleta navegaba con unos 60 pescadores. Las doris eran transportadas en la cubierta de los veleros, apiladas como platos de una vajilla gigante. Una modalidad de pesca heroica, que se cobró la vida de centenares de pescadores, perdidos en las gélidas aguas tras ser engullidos por la niebla, las olas y el vacío incógnito del mar. Las sirenas y silbatos de los compañeros actuaban como faros sonoros, intentando recuperar desesperadamente lo que aquel mudo mundo helado reclamaba para sí y para siempre.

Una modalidad de pesca heroica, sí, pero rentable y sostenible, que sin embargo claudicó a finales de los años cincuenta debido a la irrupción de nuevos métodos industriales de pesca a gran escala. La mítica pesquería del bacalao, de tamaño y abundancia difícil de creer, colapsó en pocos años en Terranova. El gobierno canadiense impuso una moratoria en sus aguas territoriales y en su zona marítima exclusiva a partir de 1992. 22 años después es tiempo de preguntarse por la capacidad de respuesta y recuperación de las sobreexplotadas pesquerías del planeta. ¿Qué ha pasado con los bacalaos de los bancos de Terranova y de la costa de Nueva Inglaterra, y anteriormente con los de las costas noruegas e islandesas? ¿Han vuelto los bacalaos a “cubrir el mar de peces de cinco pies de largo (150 cm), reproduciéndose en bancos tan densos y compactos que no dejan que una moneda caiga al fondo, cardúmenes a menudo de más de 45 metros de gruesa masa plateada…”? ¿Cuál es su historia, la historia del bacalao de Terranova?

A principios de la década de 1490, y sin duda espoleados por la posibilidad de pesquerías aún más abundosas que las de las costas europeas, entre dos y tres barcos cada año abandonaban las costas del N de Europa en dirección W. En una de ellas viajaba John Cabot. En 1497 embarca tras largas vicisitudes en el cargo Matthew, acompañado de 17 navegantes más. 34 días más tarde toma tierra en un lugar no plenamente localizado en la costa de Terranova, y la declara propiedad del rey Enrique VII. De vuelta a Inglaterra, su relato está plagado de referencias a la extraordinaria abundancia de pescado de calidad, de tal forma que

“ el Reino no tendrá que tener trato nunca más con los islandeses”, una prueba de la antigüedad del conflicto entre británicos e islandeses por el bacalao y el fletán o halibut, que casi les condujo a la guerra en los años setenta del siglo pasado. Animado por el éxito de su primer viaje organiza un segundo un año más tarde del que nunca regresó. Su hijo Sebastián tomó el relevo familiar y en 1508 navega las costas del Labrador hasta la bahía de Hudson, de donde regresa con relatos aún más aparentemente desmesurados:

“S. Cabot llamaba a estas tierras los Bacallaos debido a la abundancia de un pez, grande como un atún, en las aguas vecinas, que los habitantes de estas tierras llaman así, bacallaos, y que a veces [los cardúmenes] impedían el avance de las naves.” El coronel Antonio de Alcedo, autor del Diccionario Geográfico-Histórico de las Indias Occidentales o América (1786), conocedor de la obra de Cabot, confirma estos extremos y añade datos de interés: más de 400 embarcaciones concurrían en las islas de los Bacallaos para la pesca de este pez; el animal picaba antes de que el anzuelo se hundiera de tan abundante que era; la pesca era diurna, ya que de noche “no pica el anzuelo, y en tiempo determinado, que empieza en primavera y acaba en septiembre…y algunas veces es tanta la abundancia que Juan Poon en una ocasión pescó 100 en una hora”.

Los relatos de Cabot o Alcedo nos parecen hoy en día producto de la exageración de alguien que pretende estimular a la aventura a sus paisanos. Nos resulta difícil pensar en una mar completamente diferente a la que contemplamos hoy en día, ilimitada en su amplitud, profundidad y aún más importante, hondura, el componente espiritual del mar. Y con el mar, sus habitantes. Sin embargo, no es así en absoluto. El mar, nuestro mar, no muestra, avaro, más que la calderilla de su primitiva abundancia. Los contemporáneos de Cabot corroboran su relato:

“pero de todo lo admirable de estas tierras, lo más cimero es el mar, tan diverso en sus diversas especies de peces, tan abundantes que su constatación confunde mis sentidos hasta el punto de no ser capaz de expresarlo con propiedad…los bacalaos pueden matarse con una pica, de tan densos y abundantes que son sus bancos…tres hombres en sus barcas y algunos más en tierra para limpiarlos y secarlos son capaces de matar entre 25-30.000 en un mes, obteniendo además hasta 120 libras de aceite”.

Vascos y portugueses preferían trabajar en el mar, salando el pescado en vez de secarlo, ya que contaban con abundante provisión de esta especia. Así se inicia la explotación del Gran banco de Terranova, los Grand Banks. Y así se inicia la experiencia gastronómica que me transporta históricamente del siglo XVI a la mesa de una taberna del puerto de Oporto.

El punto de sal de mi bacalao es simplemente perfecto. La carne, blanca, prieta, grasa, despliega generosa sus sabores, exaltados por el fondo dorado de las patatas y la cebolla casi caramelizada. Cebolla y patata: casi se puede adivinar una receta marinera, elaborada en los largos meses de pesca o navegación rumbo a casa. La explotación del bacalao en los caladeros americanos se mostró estable y aparentemente sostenible hasta los años sesenta: los barcos volvían repletos y los Doris a veces se hundían bajo el enorme peso de los voraces bacalaos, solo capturados mediante líneas. En este momento comienzan a usarse forma masiva los arrastreros de fondo de gran tonelaje y se descubren las ventajas de la conservación en frío y el fileteado en alta mar. El mar territorial apenas alcanza en los sesenta las tres millas y el resto es barra libre. Se abre el caladero a las pesquerías de los países del este, principalmente la URSS. La capacidad de estos barcos es simplemente increíble: procesan miles de toneladas de pescado en apenas días, y al E del cabo Hatteras se reúnen hasta 200 arrastreros en 20 millas cuadradas. Cada metro cuadrado de los grandes Bancos es arrastrado, segado, removido y arado al menos dos veces al año de media. La cantidad de bacalao desembarcado se dispara exponencialmente: en 1965 los rusos descargan 875.000 toneladas de bacalao, que sumados a las más de medio millón de las flotas españolas, francesa y portuguesa, apenas dejan unos cuantos bacalaillos para las pesquerías locales.

Descargas de bacalao (declaradas) a lo largo del siglo XX.

colapso bacalao

En 1974 las capturas totales superan los dos millones de toneladas, forzando a americanos y canadienses a declarar la zona económica exclusiva de las 200 millas y expulsar a las flotas extranjeras. La declaración no supuso veda ni siquiera parcial, sino la sustitución de las flotas extranjeras por locales: los canadienses llegan a emplear a más de 40.000 personas en la industria local del bacalao. A mediados de los ochenta la pesquería comienza a dar señales inequívocas de fatiga, pero es el canto del cisne. Cuando se declara la veda total en el 92 ya es demasiado tarde. La pesquería no se ha recuperado, ni siquiera parcialmente desde entonces. Nada indica que vaya a hacerlo, ya que la inmigración de poblaciones de otros caladeros parece un evento raro y difícil: existe diferenciación genética entre los distintos caladeros, lo cual supondría una apuesta por un modelo de recuperación basado en el caladero y no en la irrupción de poblaciones foráneas. Y el caladero de Terranova, Cape Cod y los Grand Banks están completamente destrozados: los fondos de coralígeno frío y profundo han quedado convertidos en inacabables campos limosos. Eslabones intermedios de la cadena trófica, de la fenología de la especie o de sus zonas de campeo, alimentación y freza han quedado dañadas o destruidas, comprometiendo globalmente la recuperación. Los peces se pesan en toneladas, pero no son meras toneladas, como el bosque es mucho más que metros cúbicos de madera. Actualmente comienza a adoptarse el enfoque ecosistémico para la gestión de pesquerías y el principio de precaución. Para el bacalao de Norteamérica, el pescadito de Capitanes intrépidos, como muchos otros protagonistas de las pesquerías más espectaculares del planeta, su renacimiento deberá esperar muchos años de oscurantismo natural. Consolémonos mientras tanto con la receta del bacallau a bras:

Ingredientes

400 gr. de migas de bacalao salado (100 gr. por comensal)

6 huevos grandes

1 cebolla grande

4 patatas grandes especial fritura

Sal (sólo un poquito) y pimienta negra recién molida (al gusto)

Perejil fresco recién picado (para decorar)

50 gr. de aceitunas negras sin hueso (para decorar)

Aceite de oliva virgen extra (para el revuelto y la fritura de las patatas)

Opcional: un diente de ajo para el revuelto y unos aros de cebolla cruda para la decoración final

Preparación: desmigar el bacalao, previamente desalado (ojo con este paso: trozos grandes: 48 horas con cambio de agua cada 6; migas: 36 horas, con cambio de agua cada 8. En el frigo!). Rehogar las migas  en aceite y ajo junto con las cebollas en gajos finos, lentamente, hasta que la cebolla transparente. Añadir la pimienta y el perejil. Aparte batir los huevos y pelar y cortar las patatas, bien en panadera fina, bien patatas paja, las que os gusten más. Las freímos lentamente en aceite de oliva, y cuando están casi hechas, retiramos casi todo el aceite y añadimos el bacalao, la cebolla y los huevos batidos. Opcional: unas briznas de de azafrán, para aportar aroma y color. Cuajamos a fuego lento, removiendo con cucharas de madera y dejándolo bien jugoso. Probamos el punto de sal. Adornamos con el perejil y las aceitunas negras picadas.

Acompañadlo de un buen vino blanco, fresco. El albariño le va perfecto. Ya me diréis.

Los babuinos sabios

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Leí esta fascinante historia en un libro de Robert Sapolsky (“The trouble with testosterone”  1998. Touchstone, New York) y no he querido dejar de compartirla aquí. La historia tiene que ver con una especie de primate algo menos conocida que nuestros parientes cercanos (chimpancé, gorila, organgután),  el babuino o papión sagrado (Papio anubis). Los babuinos son monos de buen tamaño que habitan en amplias zona de sabana y bosque tropical en África. Son omnívoros oportunistas capaces de aprovechar numerosas fuentes de alimento, tales como frutas, raíces, tubérculos, y semillas; también son capaces de cazar pequeñas presas (ocasionalmente, una cría de antílope cae en sus manos). Se calcula que obtienen aproximadamente un tercio del alimento de la caza.

Los babuinos presentan una notable diferencia entre los sexos. Los machos son aproximadamente el doble de grandes que las hembras. Otra diferencia, menos aparente pero no menos importante, es el hecho de las hembras permanecen toda su vida en el grupo en donde nacen, mientras que los machos se transfieren a otro al llegar a la “adolescencia”. En términos técnicos, los babuinos son matrilocales. Esta situación (o la inversa, las hembras abandonan el grupo) es corriente entre los primates. Al parecer uno de los sexos tiene que emigrar para evitar la endogamia. Por ejemplo, entre los gorilas, los jóvenes machos son expulsados por el macho dominante en cuanto dan la primera muestra de madurez sexual. Sin embargo, entre los babuinos el proceso es, de alguna manera, “voluntario”. Al llegar a cierta edad, los jóvenes babuinos experimentan una irresistible fascinación por otros grupos de babuinos y un buen día se largan.

La transferencia entre grupos es un periodo particularmente delicado en la vida de cualquier macho de babuino. Ellos se van, pero el nuevo grupo puede tardar cierto tiempo en acogerlos y un babuino solo en la sabana es una presa fácil. Se sabe que la mortalidad durante este periodo aumenta enormemente. Una vez aceptado, el joven babuino se encuentra en el punto más bajo de la escala social. Desde ahí empezará a establecer relaciones, dar codazos (mordiscos) y poco a poco ascender en su carrera de babuino, lo que significa competir por estatus a cara de perro, siete días a la semana. En cambio, las hembras heredan directamente el rango de sus madres y éste no suele modificarse, de manera que no se ven inmersas en esa loca carrera por ascender y suelen establecer relaciones amistosas son otros individuos. Entre los machos, la amistad es un lujo inalcanzable dada la intensa rivalidad. Los babuinos macho no tienen amigos, como mucho aliados temporales.

Curiosamente, los investigadores que han estudiado a esta especie observaron que con bastante frecuencia se producen otras transferencias de grupo en las que el animal que se va es un macho de edad avanzada. Esto resultó sorprendente al principio. Si el proceso es peligroso para un individuo joven, lo es mucho más para uno viejo. Y el futuro que le espera tampoco es muy halagüeño ¿por qué iba querer un macho empezar de nuevo cuando las fuerzas le empiezan a fallar?

La respuesta parece estar en uno de los aspectos más oscuros de la naturaleza babuina. Se sabe que en la jerarquía social de estos animales, las interacciones se producen preferentemente entre individuos de rango parecido. El macho alfa vigilará cuidadosamente al número dos para evitar que le suplante, y el dos tendrá cuidado con lo que hace el tres, y así sucesivamente. Sin embargo, en algunos casos se vio que los machos dominantes tenían un número inesperado de interacciones con individuos de bajo rango. En estos casos, el individuo de bajo rango era invariablemente un macho viejo que había ocupado años atrás una posición alta en la jerarquía. Y la palabra “interacciones” es un eufemismo para decir que los machos dominantes le hacían la vida literalmente imposible. Como podía esperarse, los perpetradores de esta tortura habían sufrido en sus carnes la dominancia del macho viejo cuando eran jóvenes, y ahora le estaban pasando factura. Si eres un babuino, la sabana no es país para viejos. Así pues, la pregunta de por qué se van los viejos resulta fácil de contestar. En otro grupo las cosas no irán demasiado bien pero por lo menos serán individuos anónimos y les dejarán (relativamente en paz). Aproximadamente el 50% de los machos acaba emigrando.

Pero lo más interesante viene ahora. La etóloga Bárbara Smuts encontró que entre los machos que no emigraban al envejecer, algunos habían mantenido una conducta bastante diferente al prototipo de babuino ambicioso. Estos individuos habían establecido años atrás relaciones amistosas con otros individuos, invariablemente hembras. El término “amistad” puede parecer un antropomorfismo aplicado a estos primates, pero está definido estrictamente en términos del tiempo que ocupan dos individuos en despiojarse mutuamente, así como en la ayuda mutua en conflictos con otros miembros o frente a depredadores. Más aun, estos babuinos sabios habían abandonado hacía tiempo (o al menos, disminuido) su afán por ascender en la jerarquía y esta actitud da sus frutos en la la vejez. Los babuinos sabios se encuentran protegidos del acoso de los machos dominantes por sus “amigas” y por su “reputación” de individuos poco dominantes. No cabe duda de que esta estrategia es beneficiosa, a nivel individual, para los  que la practican. Lo que no está claro es si resulta beneficiosa en términos reproductivos.

¿Hay algo en esta historia que se pueda aplicar a nuestra especie? Al parecer, así es. De forma totalmente independiente, los psicólogos han estudiado las diferencias entre sexos con respecto a los que se ha denomina en inglés successful aging. Teresa Seeman y sus colegas de la Universidad de Yale han mostrado que hombres y mujeres difieren drásticamente en la calidad y número de relaciones amistosas que mantienen cuando llegan a una edad avanzada. Y este factor parece ser determinante: las relaciones amistosas simétricas y recíprocas suponen una considerable protección psicológica. Estos resultados son concordantes con otros muchos estudios que demuestran que las mujeres tienen mayor capacidad (y mayor tendencia) a establecer relaciones amistosas y a comunicarse.

Con frecuencia este tipo de estudios son malinterpretados. Es muy posible que haya diferencias de comportamiento innatas entre hombres y mujeres (como entre babuinos y babuinas) pero que sean innatas no quiere decir que no puedan cambiarse. Quiere decir que habrá trabajar más para cambiarlas. Igual que los babuinos sabios, los humanos ambiciosos tienen la opción de invertir más tiempo y esfuerzo en mantener relaciones amistosas  y menos en avanzar en sus carreras, para poder recoger los frutos más adelante.

Lo que nos están diciendo estos primos lejanos es que merece la pena tener un plan de pensiones en el terreno afectivo.

Sapolsky, R. (1996) American Journal of Primatology. 39:149-157.

Seeman, T. et al. (1994). Annals of Behavioral Medicine 16:95-.

Smuts, B. (1985) “Sex and friendship in Baboons” Aldine Pub., New York.

Mendel y los macacos japoneses

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Una fría mañana de marzo de 1870, el abate Gregor Mendel se disponía a trabajar en el huerto del monasterio de Santo Tomás de Brno. Lo cierto es que llevaba dos años sin coger la azada, absorbido como estaba en la administración del convento y en su eterna y sorda disputa con la jerarquía católica. Por supuesto, es inusual que un abad se ocupe personalmente del huerto monástico, pero Gregor Mendel era, bajo cualquier perspectiva, un monje inusual. Agobiado por sus tareas y por la tensión con sus superiores, la idea de dedicar una mañana a preparar la siembra debió parecerle asombrosamente apetecible. Tras los primeros golpes, la azada parece pesar más que de costumbre y cuando se agacha para arrancar unas malas hierbas, Mendel siente un dolor inesperado en su estómago ¿Qué ocurre? Sencillamente, en los últimos meses de actividad incesante pero sedentaria el buen abad  ha engordado mucho más de lo que esperaba. La frustración le invade igual que la fina lluvia que riega la campiña Moravia. Sus días de trabajo en el huerto experimental  han quedado atrás definitivamente. La frustración es mucho mayor debido al hecho de su carrera como científico ha sido paradójicamente un éxito sin precedentes y al mismo tiempo un fracaso absoluto. Con tristeza, el abad da unas breves instrucciones a un hermano lego y se retira a su despacho.

Entre los años 1855 y 1866 ocurrió un verdadero milagro en el huerto experimental del convento. En esos años, Mendel, un humilde monje agustino que daba clases de ciencias en un Instituto de bachillerato, había resuelto la pregunta del millón de dólares: por qué los hijos se parecen a los padres, en qué consiste el secreto de la herencia genética. La teoría dominante durante siglos explicaba vagamente que la “sangre” de los progenitores se mezclaba del modo en que se mezclan dos pinturas de diferente color. Sin embargo, los criadores de ganado sabían bien que las cosas no eran tan simples y que resulta difícil predecir las características de los  padres que heredará la descendencia. El éxito de Mendel, resumido en sus famosas  “leyes” se basó en un abordaje sumamente heterodoxo para su época. En primer lugar, elige una especie adecuada para hacer sus experimentos, en este caso una leguminosa (Lathyrus odoratus) empleada en jardinería. En segundo lugar, dedica varios años a obtener “líneas puras” a base de auto-polinizar sus plantas, consciente de que algunas veces los caracteres se “saltan” algunas generaciones y aparecen inesperadamente en los nietos estando totalmente ausentes en los padres. En tercer lugar, utiliza una aproximación matemática muy de su gusto pero totalmente inusual en los estudios botánicos del momento. Mendel resume sus descubrimientos en un artículo seminal y lo publica  en una revista menor (Mendel, G. 1866. Versuche über Pflanzen-Hybriden. Verhandlungen des naturforschenden Vereines in Brünn (Abhandlungen) 4: 3–47.  http://www.mendelweb.org/Mendel.html . )

Y sin embargo, y a pesar de presentar sus resultados en público en dos ocasiones, nadie parece estar haciendo el menor caso. Por lo menos, ninguno de los científicos de prestigio del momento. Resulta penoso leer la correspondencia entre Mendel y el afamado botánico suizo Nägeli. El gran hombre no le prestó la menor atención. A mediados del siglo XIX Moravia no era un lugar apartado ni Mendel era un individuo científicamente aislado. Al contrario, tenía buenas relaciones con muchos de los investigadores famosos del momento, como Doppler (el del famoso efecto), Schleiden y Virchow (teoría celular), Purjinke (descubridor de un tipo de neuronas que lleva su nombre), entre otros. El tema de la herencia genética era candente en aquellos tiempos. Mendel encontró la respuesta y nadie hizo caso ¿Por qué?

Los trabajos de Mendel fueron olvidados y desenterrados varias décadas más tarde. Irónicamente, si recordamos a Mendel es gracias a la disputa de tres investigadores que (probablemente) leyeron su trabajo y decidieron repetir los experimentos y presentarlos como una idea original: Hugo De Vries, Carl Correns y Erich Tschermak. En la pelea por conseguir el reconocimiento de tal hallazgo, Correns acusó a De Vries de haber plagiado a Mendel (reconociendo implícitamente que él había hecho lo mismo). La historia de la Ciencia está plagada de tipos listos; las personas decentes, por desgracia, no han sido tan abundantes.

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Otra fría mañana de marzo de 1954, la señora Mito se encontraba observando a los macacos japoneses (Macaca fuscata) de la reserva situada en la isla de Koshima, al sur del archipiélago de Japón. La señora Mito era la hija de un granjero contratada por el famoso primatólogo japonés Kinji Imanishi para hacer trabajo de campo con la colonia de macacos. Imanishi debió de pensar que la ausencia de una educación formal no era un inconveniente grave para esta tarea y probablemente acertó porque el descubrimiento de la señora Mito requería una forma de pensar poco ortodoxa.

Mito observó que una hembra de 18 meses, llamada Imo, hacía algo insólito para un macaco. Imo tomó una batata que los científicos habían dejado en la playa para alimentar a los simios, la llevó al mar y la lavó. Al principio lo hacía con bastante torpeza, pero pronto descubrió que si metía el tubérculo en el agua y lo frotaba suavemente podía eliminar completamente la arena. Imo consumió su batata, que tendría un sabor salado y pareció satisfecha.

Al principio sólo Imo tenía esta costumbre pero pronto la adquirirían otros miembros de la banda. Significativamente, la transmisión de este hábito coincidía con las líneas de parentesco y cercanía a Imo. Primero fue su madre, luego sus hermanas y otras hembras del grupo. Cinco años después, el 75% de la banda lavaba las batatas.. La señora Mito había entendido enseguida la importancia de esta observación y escribió al Dr. Imanishi y sus colegas, los cuales se desplazaron rápidamente a la isla para confirmarlo y hacer observaciones detalladas. La nítida idea de que la cultura es un rasgo exclusivamente humano empezaría a disiparse en ese momento, porque lo que había observado la señora Mito era, ni más ni menos, que la transmisión cultural de una pauta de comportamiento.

Lo más interesante es que los viejos machos dominantes nunca lavaron sus batatas en el mar. Al igual que los científicos contemporáneos de Mendel, nunca pudieron creer que un individuo que no fuera de un estatus parecido al suyo podía haber descubierto algo importante.

PLANTAS A LA CARTA

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Cuando el estrés nos vapulea en nuestra vida diaria, es difícil pensar en sus aspectos más rentables, pero lo cierto es que ha sido el motor de la evolución, sin el cual no nos hubiéramos endurecido y adaptado a ambientes en principio hostiles. La enorme variedad de factores estresantes a la que nos enfrentamos los seres vivos, son un reto para nuestro metabolismo que responde generando diversos programas de defensa, con resultados en ocasiones imprevistos.

Recientemente, tuvimos un espectacular ejemplo de los efectos positivos de someter a estrés células animales. Nature publicaba a finales de enero cómo una bióloga japonesa había conseguido obtener células madres pluripotentes mediante un método infinitamente más sencillo que los hasta ahora utilizados con la misma finalidad: sometiendo las células adultas a estrés por tratamiento con ácido o mecánico, presionando sus membranas.

Este descubrimiento ha estado bajo sospecha en las últimas semanas por la imposibilidad de repetir el experimento con los mismos resultados. Sin embargo, la reprogramación de las células vegetales usando distintos métodos estresantes se conoce desde hace tiempo y es prácticamente un protocolo de rutina.  Le pregunté sobre ello a mi colega Adela Olmedilla, experta en embriogénesis vegetal, y me ofreció como respuesta un excelente resumen acompañado de un mosaico de imágenes.

embriogénesis de anteras

Embriogénesis in vitro: A partir de una planta sana (A), se seleccionan algunos botones florales (B), de los que se extraen las anteras (C), que cultivadas en el laboratorio después de un tratamiento de estrés como el ayuno (D), producen embriones (E), a partir de los cuales se pueden regenerar plantitas (F), capaces de florecer y producir frutos como la planta original (A).

<< Primero se descubrió que a partir de algunas células por ejemplo de raíz o tallo cultivadas en el laboratorio en determinadas condiciones se podía inducir la formación de embriones, de los cuales se regeneraban plantas con las mismas características y capacidades de la planta original de donde se había tomado el tejido para cultivarlo. Gracias a este proceso se consigue por ejemplo la propagación masiva de plantas como las orquídeas, lo que ha abaratado notablemente su precio y ha frenado el expolio de esta especie en su hábitat original. En la línea de este descubrimiento, se ha conseguido, además, obtener embriones cultivando células reproductoras de las plantas en especial a partir del cultivo del polen. Cuando a estas células se les aplica un tratamiento de estrés adecuado cambian el camino para el que están programadas y dan lugar a embriones. Con ellos se consiguen plantas muy valiosas, las plantas haploides que se caracterizan por tener sólo la información genética del padre o de la madre según procedan del cultivo de las células reproductoras masculinas o femeninas. Con ellas es mucho más fácil seleccionar las características que más interesan en una planta: frutos mayores, más dulces o con otras propiedades nutritivas. Además, gracias a ellas se producen líneas puras, doble haploides, con las que de una manera más rápida y eficaz que con las hibridaciones tradicionales se pueden obtener nuevas variedades>>.

Les dejo meditando sobre el inmenso potencial del estrés en positivo y corro a  leer críticamente el prospecto de una crema facial de baba de caracol estresado.

http://www.nature.com/news/acid-bath-offers-easy-path-to-stem-cells-1.14600

 

De cómo el jaguar consiguió sus manchitas.

Mi director de tesis doctoral, Michael V. Penston, me enseñó mucho; mucho más que a madurar como científico. Me enseñó a reir a carcajada limpia, me aficionó a la lectura sobre la evolución biológica; claro que también me enseñó todo (o mucho) de lo que sé sobre astronomía, en particular sobre espectroscopía. Fuí tremendamente afortunado de disfrutar de su conocimiento y cariño durante los años que coincidimos, antes de que la parca se lo llevara tan injustamente pronto. También me leía cuentos de Rudyard Kipling.

Me encantaban “Los cuentos de así fue” (“Just so stories”). En “Cómo el leopardo consiguió sus manchas”, Kipling se fija en los animales de la altiplanicie sudafricana, como el leopardo, la jirafa o la cebra entre otros, y cuenta que la aparición de las manchas y rayas de su piel es debida a un proceso evolutivo. De hecho, afina un poco más y lo explica como un ejemplo de lo que en evolución se llama el efecto reina roja, “… en nuestro país necesitas correr todo lo que puedas para mantenerte en el mismo sitio…”, que refiere a la famosa escena de “Alicia a través del espejo” del genial Lewis Carroll. En biología evolutiva, Leigh Van Valen introdujo el efecto reina roja para referirse a la coevolución de especies relacionadas entre sí. Se critica a Kipling porque la manera en que lo cuenta (y no perdamos de vista que es un cuento), cae en la fácil trampa de explicar la evolución como finalista en lugar de como resultado de cambios aleatorios adaptativos (trampa en la que caemos a menudo consciente o inconscientemente en el lenguaje coloquial a la hora de explicar la evolución). Como quiera que sea (no sé nada de evolución y el tema es muy debatido entre los expertos), para mí, además de la belleza de los relatos, resulta genial que a finales del siglo XIX Kipling incluyera en sus cuentos nociones rudimentarias de evolución.

El misterio de cómo se forman las manchas en la piel no reside solo en cual es su origen evolutivo, sino también en cómo se forman en la práctica: en sus generadores genéticos, su embriogénesis, su fisiología, (ver el artículo de Hoekstra 2006). Este problema forma parte de un tipo más general de problemas a los que el biólogo y matemático escocés D’Arcy Thompson prestó atención en su obra clásica “Sobre el crecimiento y la forma” (1917). Hay mucha bibliografía al respecto. El prolífico editor y divulgador Philip Ball tiene una trilogía reciente que me encantó leer, “Nature’s patterns: a tapestry in three parts. Shapes. Flow. Branches”. Para los sesudos expertos físico-matemáticos, una referencia muy completa es el trabajo de revisión de Cross y Hohenberg “Pattern formation outside equilibrium”, que se basa en modelos
Murray
morfogenéticos de reacción-difusión (propuestos por vez primera por el genio de Alan Turing en 1952), y en patrones creados por la dinámica de los sistemas vivos, como los trabajos de Murray (ver su artículo en Scientific American en la lista de referencias).
Entre otros específicos tratan el problema de los dibujos en la piel de mamíferos en su ecuación 11.8 y las figuras 94 y 95. Para los sesudos expertos en genética, Eizirik et al (2010) deducen que los dibujos (usando gatos como modelo experimental) se forman por la sucesión consecutiva de dos procesos diferenciados: en primer lugar un mecanismo de desarrollo orientado espacialmente que produce un patrón específico de diferenciación celular, seguido de un mecanismo de pigmentación orientada que regula los perfiles de síntesis de melanina sobre las células del patrón anterior.Eizirik_fig3

Las cebras, ¿son blancas con rallas negras o negras con rayas blancas? Prothero y Schoch (2003) demostraron que la segunda es la opción correcta. La piel base de la cebra es negra, y sobre ella se expresan las bandas blancas. Recordemos de una entrada anterior en este blog (Azul) que la coloración negra se debe a la expresión de la eumelanina, mientras que los tonos rojizos son debidos a la feomelanina. Así que realmente lo que ocurre en la cebra es que la eumelanina deja de expresarse en las células de la epidermis correspondientes a las zonas blancas. Es como si esas zonas fueran totalmente albinas. ¡Ojo! que las zebras albinas no son completamente blancas, sino que las zonas negras son mucho más claras (grises). Curiosamente, el color base de las cebras jóvenes es pardo, lo que implica que las jóvenes expresan una mezcla de eu- y de feo-melanina, y pierden esta última cuando Young Zebrasson adultas (ver la preciosa foto de Luke Burrage). Me resulta llamativo que los expertos sigan sin ponerse de acuerdo sobre la razón evolutiva de las bandas en la cebra, aunque las explicaciones refieren diversas variantes de camuflaje por confusión visual: por ejemplo, en una manada en movimiento resultaría muy confuso para una leona fijar la atención en una cebra en particular en tal maremagnum de rayas en movimiento. Recientemente Egri et al (2012) han propuesto experimentalmente que las bandas contribuyen a la depolarización de la luz que es con la que se guían los tábanos, de manera que en este caso sería una manera de defenderse de estos tan molestos y peligrosos insectos, más eficiente que el espantarlos con el consabido movimiento de la cola.

De nuevo, encontramos aquí el papel fundamental de la expresión de la melanina. En próximas entradas veremos otros efectos muy interesantes de este versátil polímero en contextos totalmente diferentes de la fisiología animal.

REFERENCIAS:

Los cuentos de así fue, Rudyard Kipling, Editorial AKAL

http://es.wikipedia.org/wiki/Just_So_Stories

J. D. Murray  http://www.crm.umontreal.ca/~durand/Murray-Sc.Am.pdf

http://www.lukeburrage.com/blog/archives/1661

H. E. Hoekstra. 2006. Heredity, 97, 222.

M. C. Cross & P. C. Hohenberg, 1993, Reviews of Modern Physics, 65, 851

E. Eizirik, et al. 2010, Genetics, 184, 267

D. R. Prothero & R. M. Schoch, 2003. Horns, Tusks, and Flippers: The Evolution of Hoofed Mammals. Johns Hopkins Univ Press.

A. M. Turing. 1952. Phil. Trans. R. Soc. London, 237, 37. The Chemical Basis of Morphogenesis.

A. Egri, et al. 2012. Journal of Experimental Biology, 215, 736

PROMETEO Y LOS SIMIOS VOLADORES

Un cuervo se posó frente a mi ventana.

No era el cuervo de Ted Hughes, o el de Galway.

Ni tampoco el de Frost, Pasternak o García Lorca.

Ni un cuervo homérico, ahíto de vísceras tras la batalla.

Este era un cuervo que nunca encajó en parte alguna,

Ni hizo en vida nada remarcable.

Se posó ahí, en la rama unos cuantos minutos.

Luego alzó el vuelo

Y hermosamente salió de mi vida.

Raymond Carver, mi cuervo*.

*Carver identifica –erróneamente- su corneja –crow– con el cuervo –raven- de Poe. La conexión entre el poema de Carver y el celebrado The raven es tan explícita (la ventana, la confrontación con el poeta, el juego de diferencias entre el cuervo trascendente de Poe y el humilde de Carver, la belleza de uno y la fealdad maligna del otro, entre la subjetividad romántica de Poe y la narrativa naturalista de Carver) que he preferido mantener el malentendido para salvar la relación entre ambos poemas.

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Cuervos y cornejas pertenecen a la familia de los córvidos, un grupo de aves que incluye además a las grajillas, las urracas, los arrendajos y las grajas, en conjunto más de ciento veinte especies de distribución mundial. Cuervos y cornejas, cornejas o cuervos, crows o ravens, son las especies de mayor tamaño y frecuentemente carecen de rasgos específicos que las distingan más allá de su negritud. La confusión entre ambas está servida. La Corneja americana o crow en inglés, Corvus brachyrhynchos, y el cuervo o raven, Corvus corax, son especies diferentes pero estrechamente emparentadas. Fáciles de confundir por los no iniciados, sangriento símbolo de maldad para muchos, odiados en el campo por ganaderos y agricultores, ignorados en la ciudad, su ominosa consideración actual no les hace justicia. Y no siempre fue así.

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Cuervo mitológico: El cuervo ha sido tradicionalmente un personaje bendecido en múltiples mitos y culturas desde el paleolítico hasta la edad media. La mitología escandinava muestra a dos cuervos hermanos, Hugin y Munin, sobre los hombros de Odín, al cual informaban de cómo iba el mundo y sus asuntos. Y en los mitos griegos el traumático nacimiento de Asclepio, salvado de la muerte por su padre Apolo al enterarse que su madre, la princesa Coronide –hija del rey de Tesalias- había tenido trato carnal con un mortal, se debió a la negligencia de un cuervo blanco encargado por Apolo de la vigilancia de su amada. Al conocer de la infidelidad de Coronide, embarazada en ese momento de Apolo, condena a la princesa pero salva a su hijo, que sería el Dios de la Medicina en la Grecia y Roma clásica. Apolo castigó al cuervo a vestir ropajes negros desde entonces. En la tradición judeo-cristiana, es un cuervo -y no la paloma- el ave que señala a Noé la retirada de las aguas del Diluvio, un relato tomado directamente del Gilgamesh sumerio. Acompañó a San Elías en su vida eremítica, complementando su sola dieta de dátiles con un mendrugo de pan, el cual trasportaba a diario en el pico por mandato divino y el santo recibía entre bendiciones. La mitología teutona y celta en Europa le otorga un papel central en distintos relatos y sagas, y otro tanto sucede en las tradiciones orales y relatos de Creación de tribus de Buthan o la costa NE de Asia y en la mitología hindú como una de las encarnaciones de Brahma, la del cuervo poeta Kakabhusuda. Pero en ningún sitio como en los relatos orales de carácter genésico de los pueblos de la costa Pacífica canadiense se manifiesta Cuervo en toda su profundidad mitológica, como veremos luego.

Cuervo extraordinario: Los mismos ganaderos y agricultores que los denostaban percibían a la vez su enorme inteligencia y adaptabilidad, algo que les dejaba fascinados. ¿Cómo era posible que pudieran distinguir al cazador con rifle al hombro del simple paseante? ¿Quién les enseñó a robar la pesca de los sedales y anzuelos calados en los agujeros en el hielo flotante, obra de los Inuit? ¿Qué diferencia percibían entre el cazador de ciervos, al cual seguían, del cazador de córvidos, al cual evitaban o sometían a un acoso estridente, en pandilla? ¿Cómo eran capaces de manipular objetos y valerse de herramientas, qué capacidad mental les confería el don del juego por puro placer, deslizándose por las laderas nevadas una y otra vez, o les llevaba a actuar como guía de especies cazadoras como lobos u hombres, a posibles presas? En la universidad de Washington hace unos años el psicólogo evolucionista John Marzluff y sus colegas (http://www.sefs.washington.edu/research.acl/Crows_and_Other_Corvids/Marz_etal_crow_facerecog.pdf) invitaron a participar a un grupo de estudiantes en un experimento en el que pretendían medir la capacidad de reconocimiento individual de un sujeto peligroso por parte de las cornejas del campus. Equiparon en algunos casos a sus entusiastas becarios con máscaras grotescas que acentuaban rasgos y les pusieron a capturar cornejas mediante redes, tras lo cual las aves eran medidas, anilladas y liberadas. Un pasaje traumático sin duda para las siete aves del grupo experimental…y al poco se descubrió que para los propios becarios, que cuando no habían podido ocultar su identidad tras la máscara eran identificados días, semanas y meses después por un número creciente de aves. Tras las vacaciones de verano, y olvidado el incidente hitchcockiano, regresaron al campus para matricularse y descubrir, hasta tres años después, que su presencia desencadenaba la furia y provocaba reacciones de acoso o mobbing a centenares de cornejas. El campus de Washington University es con seguridad el único del mundo en el que las cornejas constituyen un tema de conversación habitual.

Los cuervos no cabe duda, son especies inteligentes. Poseen comparativamente el cerebro más grande de la clase Aves y junto a la corneja lucen un índice de cefalización que rivaliza con el de los simios superiores. El equivalente a su neocórtex, el nidopallium del telencéfalo está hipertrofiado y este hecho es común en toda la familia. ¿Inteligencia introspectiva? ¿Aprendizaje por imitación? ¿Aprendizaje social? ¿O todas estas modalidades combinadas? Veremos.

Cuervo tramposo: los cuervos son diestros en idear y llevar a la práctica trucos y tretas, tanto de carácter social como interespecífico, para burlar a un posible colega ladrón de sus alimentos almacenados, distraer a las rapaces carroñeras en disputa de los restos de un cadáver o de nuevo por mero placer. En Suecia, unas urracas aprendieron a llamar al timbre de una puerta cada vez que veían a la señora de la casa, porque de vez en cuando les daba de comer. Su marido las odiaba, las ahuyentaba, intentó matarlas…y el parabrisas de su coche apareció desde entonces con una nutrida carga de excrementos cada mañana. Los experimentos con un pariente cercano del cuervo, la Urraca azuleja o chara de California Aphelocoma californica, desarrollados por Emery, Clayton y colegas desde 2004 han demostrado en condiciones experimentales que el aparato cognitivo de esta especie le permite memorizar el dónde, el cómo y el cuándo esconden sus alimentos, y acceder a ellos de una manera adaptativa, priorizando los alimentos que caducan –frutos maduros, carne o pescado- sobre los no precederos –semillas, y evitando la búsqueda de los escondites de los primeros una vez superada su “fecha de caducidad”. Más notables todavía son los experimentos realizados en un contexto social. En este caso se valora la categorización de las urracas entre dos posibles clases, la de los almacenadores o escondedores y la de los ladrones, asaltadores de las despensas de sus conespecíficos si la ocasión lo permite. El “ladrón” posee el mismo mapa espacio-temporal que el “almacenador”, pero su estrategia es egoísta. Frente a ellos, los almacenadores desarrollan una conducta extremadamente compleja que implica la existencia y uso de propiedades cognitivas superiores, significativamente la de ser capaces de ponerse en el papel del otro –en este caso el ladrón- y “seguir su mirada”, razonando en consecuencia. Lo asombroso es que el escondedor no evita o pospone la acción caso de ser observado por un ladrón, de hecho esconde la comida. Pero accede a ella en cuanto puede y la reubica, burlando al latrocida. En los cuervos el escondedor observado esconde una rama o una piedra como sustituto del alimento verdadero, que es reubicado en un almacén alternativo, al abrigo de miradas.

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Cuervo en un tótem Haida. Derechos de imagen: Universidad de Washington

Representación de Cuervo por los indios Haida de la costa Pacífica de Canadá. Mediador entre el cielo –escalera- y el hombre.

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Y este comportamiento tramposo (el trickster norteamericano) caracteriza a Cuervo, personaje mediador entre la deidad primigenia y el hombre que los indios Inuit y las restantes tribus del Pacífico canadiense, fabricantes de tótems, le otorgan: es Cuervo el creador del hombre y del resto del mundo sensible, pero su papel es ambiguo: creador por una parte, destructor como contrapartida. Porque el Trickster Cuervo es un personaje complejo y dual, tramposo, bromista, lujurioso y cruel, un auténtico gamberro, pero dador a la vez de todos los bienes incluida la luz del mundo y la condición humana; un telúrico Prometeo avant la lettre, que dona y enseña al hombre cómo vivir de esos dones, la agricultura entre otros. Y el lenguaje y su soporte, el pensamiento abstracto. El poeta laureado británico Ted Hughes, autor en mi opinión de la mejor poesía de animales, escribe en 1970 uno de sus poemarios más famosos, Crow, en el que desarrolla el universo poético de este personaje mítico con singular dureza.

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Cuervo hablador: se han descrito para la especie y de momento más de 80 vocalizaciones diferentes con significado específico y variaciones regionales, locales e individuales. Muchas de ellas se basan en la simple repetición de un tema central, diferenciándose en el número de veces que se emite. No es raro que sean capaces de contar hasta seis…Carentes de un canto reconocible, poseen sin embargo un tipo de vocalización único, denominado sotto voce: un canturreo siempre variable compuesto de elementos vocales combinados de forma infinita, incluyendo imitaciones de otras aves, que emiten especialmente en época de celo y en presencia de su monógama pareja. Una función social y de cortejo. Lo fascinante es que además pueden cantar sotto voce en solitario, mientras desarrollan otra actividad –prospección, vigilancia,…- Canturreamos sin motivo aparente, mientras nos duchamos, paseamos o fregamos los platos, como acompañamiento de nuestra vida, cuando sentimos que vale la pena vivirla y estamos intrínsecamente bien. Justo como hace el cuervo.

Como en casi todo, sólo acabamos de empezar a desvelar la vida secreta del cuervo, sus capacidades mentales y su manera o razón de ser. El conjunto de herramientas cognitivas que poseen es formalmente idéntico al de los primates superiores con los que comparte una inteligencia al menos tan desarrollada. El hecho de que animales filogenéticamente tan disímiles hayan llegado a un puerto común racional permite hablar de convergencia adaptativa en la evolución de la inteligencia entre ambos, abriendo horizontes insospechados en un feudo que aceptábamos compartir, y con disgusto, con los primates superiores y a que Marzluff los defina como “simios voladores”. Un vez más, nuestra antigua posición central en la Creación, o nuestro papel como culmen evolutivo ha quedado seriamente comprometido, desplazándose a una más realista periferia. Ha bastado como siempre con sentarse a mirar nuestro entorno con talante inquieto: en este caso, el vuelo trepidante de los cuervos sobre los acantilados del mundo y querer ver, con la mente abierta, lo que nos dice y nos viene diciendo con letras negras en lo profundo de sus negros ojos desde el origen de nuestro propio tiempo.

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Bello púbico

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Hace unas semanas leí en el periódico que algunas tiendas de ropa de moda, situadas en la quinta avenida de Nueva York, habían empezado a utilizar maniquíes que dejaban traslucir a las claras un abundante vello púbico (vease la imagen adjunta). Claramente, los responsables de marketing han decidido utilizar un tabú con objeto de llamar la atención, lo que viene siendo una estrategia publicitaria clásica. Es interesante que hace casi 150 años, el pintor francés Gustave Courbet empleo el mismo tema para escandalizar a todos con su famoso l’Origine du monde (http://es.wikipedia.org/wiki/El_origen_del_mundo). La noticia me llevó a pensar en un post sobre el origen evolutivo del pelo en general, es decir, por qué lo perdimos en todo el cuerpo (excepto en la cabeza), por qué lo recuperamos “allí abajo” y por qué lo hemos vuelto a “perder” recientemente con la moderna costumbre de la depilación.

La pérdida general del pelo no es una cuestión baladí. El pelo es uno de los grandes “inventos” de nuestra línea evolutiva mamífera y supone una adaptación extraordinariamente eficaz a las bajas temperaturas. No obstante, dicha pérdida se ha producido en diversos linajes del tronco mamífero: para empezar en la mayoría de los animales acuáticos (delfines, ballenas, focas, hipopótamos…), también en elefantes y rinocerontes, en los murciélagos y en algunas especies sueltas, como el topo desnudo Heterocephalus glaber.

Muchas y variadas hipótesis se han esgrimido para explicar este fenómeno en nuestra especie. La más aceptada sugiere que, unida a un aumento de las glándulas sudoríparas de la piel, facilita la pérdida de calor lo que permite el ejercicio físico elevado con temperaturas altas. En efecto, los humanos somos bastante buenos corredores de fondo, comparados con otras especies, sobre todo si hace mucho calor. Otra teoría se basa en evitar la infestación por parásitos, lo que requeriría una etapa en nuestra evolución en que dicha carga de parásitos hubiera sido lo suficientemente alta como para dar una ventaja selectiva al fenotipo lampiño, lo que no está nada claro. También se ha postulado que los humanos pasamos por una breve pero intensa fase acuática que propició nuestra pérdida de pelo y ganancia de grasa subcutánea, como las focas. La idea es perfectamente plausible, lo malo es que no existe ni una sola prueba en su favor. En cualquier caso, ninguna de estas hipótesis podrá considerarse conclusiva hasta que no se identifiquen los genes implicados y pueda estimarse directamente el grado y tipo de selección al que han estado sometidos.

El vello púbico es obviamente distinto del pelo de la cabeza y nuestros parientes cercanos no tienen nada parecido. De hecho, chimpancés y gorilas tienen un pelo completamente “normal” en el pubis, si acaso más fino, lo que contrasta con el de los humanos. La hipótesis de Robin Weiss, del University College de Londres, es que primero perdimos el pelo del cuerpo y luego desarrollamos el vello púbico, hace –al menos- 3.3 millones de años, de acuerdo con un artículo suyo publicado en el Journal of Biology. Esta afirmación se basa en un hecho curioso. Los humanos nos separamos del gorila hace unos 7 millones de años. Al perder nosotros el pelo, los piojos que debían vivir en todo el cuerpo quedaron confinados al cuero cabelludo, donde siguieron evolucionando hasta la fecha. Las ladillas, en cambio, suelen infectar exclusivamente el vello púbico y esta especie (Pithirus pubis) es mucho más cercana de lo esperado a la especie que infecta al gorila (Pithirus gorillae) en todo el pelaje. Los análisis filogenéticos muestran que la separación entre estas dos especies se produjo hace sólo 3.3 millones de años.  Evidentemente, en algún momento de la evolución, algún gorila nos “pegó” las ladillas. En el escenario más escabroso estaríamos hablando de sexo entre ambas especies (por entonces gorilas y autralopitecinos). Sin embargo, esta “hipótesis de King-Kong” (podríamos llamarla) no es la única posible. Nuestros antepasados pudieron contagiarse utilizando las “camas” que los gorilas construyen para dormir en la selva o, alternativamente, cazándolos y consumiendo su carne.

¿Por qué apareció el vello púbico? tampoco lo sabemos. La teoría frecuentemente esgrimida implica a la selección sexual: el vello sería una especie de “ornamento” como la cola del pavo real. Pero en este último caso hay bastante evidencia de que una cola larga incrementa el éxito reproductivo del macho. En el otro caso no hay evidencia en absoluto. Obviamente, el vello púbico constituye un marcador de madurez sexual, pero esto no basta para explicar que el carácter fuera seleccionado.

Evidentemente, la súbita pérdida del vello púbico en los últimos años, debido a la cada vez más frecuente costumbre de depilarse no tiene nada que ver con los genes sino con los memes. Un estudio de 2009 realizado por investigadores alemanes entre jóvenes entre 18 y 25 descubrió que el 50% de las chicas y el 25% de los chicos se depilaba en alguna medida. Otros estudios confirman la creciente aceptación de diversas formas de depilación púbica, como la “brasileña” (tipo billete de metro) o el estilo Hollywood (depilación total). La costumbre parece restringirse a menores de 40 años y en particular a las mujeres. La pregunta es: ¿como se ha extendido tan rápido?

También se ha detectado el inicio de una “fobia al vello púbico” (seguramente ya tiene un nombre técnico en griego trico..algo..fobia, o lo tendrá pronto) acompañada de una conducta obsesiva sobre higiene y limpieza que tiene todas las características de un movimiento religioso ultra-ortodoxo. Conviene recordar que no existe un consenso sobre las consecuencias de la depilación en la salud pública. Sin duda, la práctica favorece el control de parásitos (ladillas) pero podría facilitar el contagio de infecciones de la piel. Otro estudio ha puesto de manifiesto que los individuos depilados muestran una conducta sexual más abierta y tienen menos problemas en este sentido, aunque no se sabe si se trata de una causa o un efecto.

Los expertos (si es que alguien puede considerarse experto en esta materia) señalan al fácil acceso a la pornografía en internet como el factor responsable, dado que la depilación completa es de rigour en la inmensa mayoría de las pelis porno. Si internet constituye la principal fuente de información de los jóvenes sobre temas sexuales, es lógico pensar que las ideas “si quieres tener sexo tienes que depilarte” y “todo el mundo se depila” empezaran a implantarse. Y una vez iniciada la costumbre no es raro que se convirtiera en dictadura, si las personas perciben que su vellosidad les convierte en individuos sexualmente indeseables.

¿Se acabará convirtiendo esta costumbre en la norma? Hacer predicciones siempre es difícil (sobre todo respecto al futuro) pero mi opinión personal es que la moda se irá tal como vino (para quizá volver de nuevo). En cuanto la depilación sea percibida como “obligatoria”, la siguiente generación se rebelará contra ella aunque solo sea para afirmar su identidad. De hecho es posible que este fenómeno ya haya empezado, como parecen afirmar las provocadoras maniquíes de la Quinta Avenida.

PLANTAS PARLANCHINAS

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El pasado domingo leí una entrevista con un agricultor y cocinero siciliano http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/17/actualidad/1389987010_919334.html  en la que afirmaba: «Antes hacíamos también pimientos y tomates, pero nos hemos especializado en la berenjena porque la conocemos mejor. Sabemos lo que necesita, conocemos sus enfermedades. Sabemos escucharla, porque las plantas te hablan». Ante esta afirmación, decidí preguntarles a mis colegas de distintos ámbitos de la biología vegetal (fotosíntesis, simbiosis, control biológico y del fascinante mundo subterráno de la rizosfera) y a mis compañeros de blog: ¿NOS HABLAN LAS PLANTAS A LOS CIENTÍFICOS? Todos se apresuraron a enviar sus respuestas, que van desde lo empírico al arrebato poético. Ahí las tenéis para que polemicéis sobre ellas.

«Pues claro que las plantas te hablan: si les falta hierro amarillean, si agua se secan, etcétera. Es sólo una cuestión de afinar el oído y entenderlas con la atención adecuada cuando apenas susurran…».

arbolillos

Arbolillos de Silbia López de Lacalle

«Efectivamente, sí que hablan, y no sólo de lo que perciben y de sus miedos cuando llega un peligro, también pueden cotillear sobre su entorno y actúan de intérpretes en la comunicación entre organismos muy diversos, incluso de reinos distintos. Gracias a las plantas, los microorganismos de la rizosfera influyen en los organismos que viven en la superficie, y al revés, los microorganismos rizosféricos son influenciados por insectos y microbios presentes que interaccionan con la parte aérea».

«Claro que nos hablan, pero no sólo a nosotros como científicos. En una casa, una maceta le dice a su dueño que tiene sed en el momento en que muestra hojas sin turgencia y un aspecto poco vigoroso. A nosotros simplemente nos hablan en un lenguaje más fino».

«Es evidente que como seres vivos las plantas tienen su propio idioma para manifestar al exterior y en cada momento su estado de desarrollo, sus carencias y sus enfermedades».

«Las plantas sienten los cambios que se producen en su entorno, y utilizan el lenguaje de las señales químicas para responder a ellos y comunicarse con otros seres vivos (incluidos los humanos). De lo que no estoy tan seguro es de si nosotros sabemos escucharlas».

«Si consideráramos la observación como un sentido adicional que poseemos los que nos llamamos científicos, yo afirmaría que sí, que nos hablan. Y añado: no habría más sordo que quien no quiere observar».

«Se las puede interrogar con instrumentos y métodos más o menos complejos».

medidores

Interrogando a las plantas con medidores de clorofila y de fluorescencia emitida por la clorofila

«Las plantas tienen su propia forma de expresar lo que les ocurre, mediante el color, la tersura, etcétera».

plantas copia

Planta de pepino a 5ºC (Lászlo Gáspár, Universidad Corvinus, Budapest) y plántula de olivo con tumor en el tronco debido a la tuberculosis del olivo causada por la bacteria P. savastanoi (grupo Cayo Ramos, UMA)

«¿Alguien lo duda? ¿Acaso no hay indicadores biológicos que nos informan sobre su estado de salud ambiental: tasa de floración, tasa de fructificación, tasa de germinación, tasa de crecimiento, indicadores de estrés? Nuestras madres con “manos verdes” saben perfectamente que a las plantas les gusta tal o cual ventana, tal o cual nivel de luz, crecer en exterior o interior; y tienen formas de hacérnoslo saber».

«Observo cómo se balancean y transforman el movimiento del aire en una música que manifiesta incertidumbre y melancolía. Descubro cómo se yerguen cuando sacian su sed. Advierto su coqueteo con la luz aspirando su energía. Siento sus aromas, que revolotean en el aire para exhibir su sensualidad. Las veo acicalarse con sus flores intentando seducir. Contemplo sus frutos fascinantes mostrando agradecimiento. Reparo en sus hojas enfermas demandando ayuda. Percibo sus lamentos con el fuego; un quejido sordo pidiendo auxilio. Y las veo marchitarse, como signo de dolor en su despedida. En fin, si eso es hablar, las plantas hablan».

Mi agradecimiento por su colaboración a M. Sahrawy, A. Serrato, J. J. Lázaro, R. Porcel, M. J. Pozo, J. A. Ráez, L. Gaspar, E. Pérez, J. Amengual.

Y ya que hablamos del diálogo entre el mundo vegetal y los científicos que lo investigamos, os envío el link a una reciente conferencia mía: http://www.hablandodeciencia.com/articulos/2014/01/17/hdc-y-medio-ambiente-en-granada-porque-investigamos-el-estres-vegetal/#more-18782

Aquí la pregunta fue: ¿POR QUÉ INVESTIGAMOS EL ESTRÉS VEGETAL?, para dar a conocer las últimas investigaciones en detección del estrés en nuestros cultivos, cómo potenciar sus mecanismos de defensa y adaptación, reconocer sus señales de alarma y evitar las enormes pérdidas económicas que el estrés conlleva. Se habló de plantas febriles y fluorescentes, de vinos excelentes producto de uvas estresadas,  de satélites y aviones no tripulados que vigilan la salud de nuestros cultivos y de la agricultura del futuro. Y comprobamos qué tenemos en común todos los seres vivos cuando sufrimos de estrés y el enorme impacto de un factor de estrés no sólo en la economía sino en la historia de un país.

Un nuevo agradecimiento a la plataforma HABLANDO DE CIENCIA por su invitación y por hacer divulgación en formatos tan rigurosos y divertidos.

 

Humanae: Pantone piel

Tu piel en mi piel

Me encanta acariciar mi piel. Es un reconocimiento tácito, primitivo, de mi existencia, de mi realidad física. Así he tenido la fortuna de posar ante la cámara de Maritza López para el original proyecto “Músculo Corazón. Maculinidades en México”. La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, con unos dos metros cuadrados de extensión. Sí, sí que es un órgano con una importantísima variedad de funciones, que nos aisla parcialmente del exterior, regulando la temperatura, proporcionándonos la sensación de tacto, de presión, frío y calor, y actuando como primera línea de defensa, protegiéndonos de los patógenos. De hecho, la piel tiene su propia comunidad de bacterias que suman más de un millón en cada centímetro cuadrado, pertenecientes a 1000 especies diferentes. ¡Hay tantas bacterias en nuestra piel como soles en nuestra galaxia, la Vía Láctea! La piel tiene una estructura muy compleja de la que no vamos a hablar aquí, pero una de sus funciones importantes es la producción de vitamina D cuando se expone a la radiación ultravioleta del sol; vitamina D que es imprescindible para poder asimilar el calcio en nuestros huesos y otros minerales. Me puedo imaginar que esa sensación de bienestar que sentimos cuando nos ponemos al sol como los lagartos tenga mucho que ver con la necesidad de sintetizar la vitamina D, ya que esta no es tan fácil de conseguir en una dieta normal. Por cierto, que los reptiles no solo se ponen al sol para calentarse (ya que no pueden regular su temperatura interior como los mamíferos), sino que también lo hacen para sintetizar la vitamina D; según Ferguson y colaboradores (2003) los camaleones a los que se les administra una dieta pobre en vitamina D pasan más tiempo al sol, implicando que de alguna manera sienten la necesidad.

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La vitamina D se sintetiza sobre todo en la parte baja de la epidermis (la capa más externa de la piel), cuya zona interior se conoce como estrato germinativo (formado por el estrato basal debajo y el estrato espinoso encima). Justo ahí es donde se encuentran los melanocitos (ver la entrada Azul en este blog), en el estrato basal (ver figura). La cantidad de sacos de melanina que contienen los melanocitos (bueno, no se llaman sacos, se llaman melanosomas) determina cuanta radiación ultravioleta penetra en el cuerpo (la melanina puede absorver un 99.9% de la radiación UV); estos sacos de Webmelanina se transportan desde la fábrica en los melanocitos hasta su destino en las células adyacentes de la epidermis. Así que, por un lado, la melanina nos protege de la radiación ultravioleta más dañina (que suele producir mutaciones a menudo malignas), y por otro, cuanto menos UV penetra menor es la síntesis de vitamina D.

La cantidad de melanina en la piel es lo que determina la gran variedad en el color de la piel de los humanos. Las pieles más claras dominan en latitudes geográficas elevadas, lejos del ecuador, donde tienen menos cantidad de sol y donde la radiación que llega tiene mucho menos UV (porque los rayos llegan más inclinados y tienen que atravesar un mayor espesor de atmósfera, que absorve el UV). Las pieles más obscuras se localizan principalmente en latitudes bajas, cercanas al ecuador, donde el sol pega mucho más fuerte y la radiación UV es más dañina, así que el cuerpo se protege generando mucha más melanina. El efecto es clarísimo si se representa en un mapa skin_color_mapmundi (ver figura); no hay mucho que objetar, pues esta es muy muy parecida a la distribución de radiación UV que llega a la superficie, según muestran los mapas de NASA. Uno pensaría que no hace falta mirar un mapa para darse cuenta de lo obvio y, de hecho, William Wells ya adelantó en 1813 el papel de la evolución en la pigmentación de la piel humana. Es curioso que Darwin negara positivamente esta posibilidad en El Origen del Hombre (capítulo 7):  “Entre todas las diferencias que existen entre las razas humanas, la más notoria y la más pronunciada es el color de la piel. Antes se creía que los diferentes tintes de la piel provenían de la continua exposición a los diferentes climas … Se ha desechado esa opinión principalmente porque la distribución de las varias razas coloreadas, que en su mayoría habitan desde tiempo inmemorial sus moradas actuales, no coincide con las diferencias correspondientes de clima.” De manera que el color de nuestra piel es una prueba clara y evidente de la adaptación evolutiva de los humanos y que, al parecer, ha evolucionado hasta tres veces de manera independiente (en diferentes migraciones evolutivas a distintas zonas del mundo), desde los tonos más obscuros en pieles más pigmentadas hasta los más rosados en pieles mucho menos pigmentadas.

La movilidad rápida, moderna de los últimos siglos ha promovido que ahora habitemos zonas geográficas menos de acuerdo con el color de nuestra piel, de manera que tanto los de piel clara tenemos que protegernos si vivimos en zonas ecuatoriales, como los de piel obscura han de procurarse dosis extra de vitamina D o de sol si viven en latitudes más alejadas del ecuador. Curiosamente, para un mismo tipo de piel (en las pieles menos pigmentadas), las mujeres han evolucionado para ser mucho más pálidas que los hombres, ya que ellas necesitan dosis extras de calcio y, por tanto, más vitamina D para poder fijarlo.

Voy a terminar mencionando un par de ideas geniales sobre la piel que me han encantado en los últimos años. La primera es la película de Peter Greenaway, The Pillow Book, en el que la protagonista, Nagiko, vive su tormentosa vida marcada por el regalo de cumpleaños que su padre, calígrafo, le hace cada año: dibujar en su piel un texto. El otro proyecto surge de la genialidad de la artista brasileña Angelica Dass, que ha creado un catálogo fotográfico de pieles que generan toda una cartografía de color Pantone, el mapa cromático Pantone de la piel humana. El proyecto de Dass se llama Humanae (http://humanae.tumblr.com) y fotografía todo el rango de tonalidad de piel humana con un color Pantone de fondo tomado de una muestra del rostro en cuestión. Simplemente genial.

Captura de pantalla 2014-01-20 a la(s) 22.15.30

– Ferguson, G.W., et al., 2003. Do panther chameleons bask to regulate endogenous vitamin D3 production? Physiological and Biochemical Zoology, v.76, p.52.

– S.F. Schaffner & P.C. Sabeti, 2008. Evolutionary adaptation in the human lineageNature Education 1(1):14

Pantone es la autoridad de facto en la estandarización de colores y mapas de color a nivel mundial.