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Ya me había resignado a tener sólo el doble de genes que la mosca del vinagre, un tercio más que el gusano común y apenas 5.000 genes más que esa minúscula planta llamada Arabidopsis, cuando se asesta un nuevo golpe a mi autoestima: Un pino, un vulgar pino maderero, tiene un genoma recién secuenciado siete veces mayor que el de la firmante de este post. Vale que el 80% de su ADN tenga secuencias repetidas pero ni siquiera eso me consuela.

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PINO TAEDA

Para reconciliarme con la genómica rebusco entre otros genomas vegetales que se están desentrañando y aterrizo en un tema picante: Grupos de investigación de dos países grandes productores y consumidores de chile, Méjico y China, realizan conjuntamente un análisis genómico comparativo de distintas variedades de chile. El inicio de estas investigaciones parece relacionado con una cuestión de gustos, ya que hay toda una gama de preferencias, por personas y países, en cuanto al picor de estos ejemplares de Capsicum anuum.

Los genes de la ruta biosintética de la capsaicina, el alcaloide que confiere picor al chile, son algunos de los protagonistas de este estudio, ya que cuando mutan suelen producir variedades menos picantes. Pero entre estos genes enchilados se esconden los  de la producción de vitamina C, los que hacen al chile más resistente a estreses ambientales como la sequía  y aquellos que se activan ante la presencia de un patógeno  o una plaga.

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CHILE PIQUÍN

Los resultados de este estudio no llevarán sólo a la obtención de un chile “a la carta”, más o menos picante o dulce, de resistencia probada al ambiente en que crezca o de mayor riqueza en compuestos de interés farmacológico, también permitirán desvelar el largo viaje en el tiempo y entre continentes (Méjico- España-Gran Bretaña-India-China) de estos genes enchilados.

Y no puedo evitar recordar todas esas sabrosas salsas mejicanas mezclas de chile en polvo con cacao u otras especias: el mole verde, poblano, michoacano, negro, rojo.

Mi cerebro empieza a traicionarme y el centro del hambre empieza a activarse; afortunadamente, no hay en este momento estímulos olfativos adicionales procedentes de la vecindad.

Ay, el olfato. Otro nuevo disgusto que me han ocasionado las noticias científicas de la semana. Por si la extrema sensibilidad del mío no me diera ya bastante quebraderos de nariz,  ahora resulta que uno de los menos valorados de nuestro sentidos es capaz de distinguir como mínimo un billón (pónganle ceros al uno….) de olores.  Teniendo en cuenta que la cifra de partida de olores que podíamos percibir era de 10.000, acabamos de convertirnos en una especie de cruce entre Cyrano de Bergerac y un perfumista de la maison Dior,  para nuestro disfrute o padecimiento.

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Zach Veilleux/The Rockefeller University.  http://news.sciencemag.org/biology/2014/03/human-nose-can-detect-trillion-smells

Y para conocimiento de las cualidades olfativas, en este caso de sus depredadores, nadie como  el cuco. Si alguien vuela o se acerca a su nido, o mejor dicho al nido de la corneja negra  que toma prestado para depositar allí sus huevos, comprobará que los polluelos del cuco son unos inquilinos bien pestilentes,  emitiendo una mezcla fétida de compuestos fenólicos y sulfurados. Que el cuco se dedique a tirar huevos de la corneja para hacer sitio a los suyos que deberá criar su hospedadora, se ve compensado por el hecho de que este nido hediondo desaliente y aleje a voraces gatos silvestres y a diversas aves de presa.

Los investigadores del CSIC y otras Universidades españolas y suizas que han analizado, de nido en nido, el llamado parasitismo de cría han revelado las ventajas adaptativas que representa para el hospedador, generándose una relación mutualista en que cuco y corneja salen beneficiados.  Cría cucos…y te protegerán el nido

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Imagen procedente del Departamento de Comunicación del CSIC

Y antes de volar a mi nevera a buscar algo que sepa y huela a mejicano, aunque sean unas tortitas de maíz  y un guacamole industriales,  os prometo volver pronto para hablar de ese maíz Bt que se ha visto atacado por un coleóptero al que debía ser inmune.  El gusano de la raíz (Diabrotica virgifera virgifera) ha desarrollado resistencia  a dos de las tres toxinas que segrega este maíz transgénico.

Y hasta entonces intentad ver el documental “Particle Fever” dirigido por Mark Levinson, físico y cineasta, que cuenta la historia del Gran Colisionador de Hadrones del CERN a través del testimonio de seis apasionados científicos. Para hacer boca, un tráiler http://www.fandango.com/movie-trailer/particlefever-trailer/167831

Daniela Canestrari, Diana Bolopo, Ted C.J. Turlings, Gregory Röder, José M. Marcos, Vittorio Baglione. From parasitism to mutualism: unexpected interactions between a cuckoo and its host. Science. DOI: 10.5061/dryad.j81r0

Neale et al. Decoding the massive genome of loblolly pine using haploid DNA and novel assembly strategies. Genome Biology 2014, 15:R59  doi:10.1186/gb-2014-15-3-r59

Qin et al. 2014.  Whole-genome sequencing of cultivated and wild peppers provides insights into Capsicum domestication and specialization. doi: 0.1073/pnas.1400975111

 

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