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El pasado domingo leí una entrevista con un agricultor y cocinero siciliano http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/17/actualidad/1389987010_919334.html  en la que afirmaba: «Antes hacíamos también pimientos y tomates, pero nos hemos especializado en la berenjena porque la conocemos mejor. Sabemos lo que necesita, conocemos sus enfermedades. Sabemos escucharla, porque las plantas te hablan». Ante esta afirmación, decidí preguntarles a mis colegas de distintos ámbitos de la biología vegetal (fotosíntesis, simbiosis, control biológico y del fascinante mundo subterráno de la rizosfera) y a mis compañeros de blog: ¿NOS HABLAN LAS PLANTAS A LOS CIENTÍFICOS? Todos se apresuraron a enviar sus respuestas, que van desde lo empírico al arrebato poético. Ahí las tenéis para que polemicéis sobre ellas.

«Pues claro que las plantas te hablan: si les falta hierro amarillean, si agua se secan, etcétera. Es sólo una cuestión de afinar el oído y entenderlas con la atención adecuada cuando apenas susurran…».

arbolillos

Arbolillos de Silbia López de Lacalle

«Efectivamente, sí que hablan, y no sólo de lo que perciben y de sus miedos cuando llega un peligro, también pueden cotillear sobre su entorno y actúan de intérpretes en la comunicación entre organismos muy diversos, incluso de reinos distintos. Gracias a las plantas, los microorganismos de la rizosfera influyen en los organismos que viven en la superficie, y al revés, los microorganismos rizosféricos son influenciados por insectos y microbios presentes que interaccionan con la parte aérea».

«Claro que nos hablan, pero no sólo a nosotros como científicos. En una casa, una maceta le dice a su dueño que tiene sed en el momento en que muestra hojas sin turgencia y un aspecto poco vigoroso. A nosotros simplemente nos hablan en un lenguaje más fino».

«Es evidente que como seres vivos las plantas tienen su propio idioma para manifestar al exterior y en cada momento su estado de desarrollo, sus carencias y sus enfermedades».

«Las plantas sienten los cambios que se producen en su entorno, y utilizan el lenguaje de las señales químicas para responder a ellos y comunicarse con otros seres vivos (incluidos los humanos). De lo que no estoy tan seguro es de si nosotros sabemos escucharlas».

«Si consideráramos la observación como un sentido adicional que poseemos los que nos llamamos científicos, yo afirmaría que sí, que nos hablan. Y añado: no habría más sordo que quien no quiere observar».

«Se las puede interrogar con instrumentos y métodos más o menos complejos».

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Interrogando a las plantas con medidores de clorofila y de fluorescencia emitida por la clorofila

«Las plantas tienen su propia forma de expresar lo que les ocurre, mediante el color, la tersura, etcétera».

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Planta de pepino a 5ºC (Lászlo Gáspár, Universidad Corvinus, Budapest) y plántula de olivo con tumor en el tronco debido a la tuberculosis del olivo causada por la bacteria P. savastanoi (grupo Cayo Ramos, UMA)

«¿Alguien lo duda? ¿Acaso no hay indicadores biológicos que nos informan sobre su estado de salud ambiental: tasa de floración, tasa de fructificación, tasa de germinación, tasa de crecimiento, indicadores de estrés? Nuestras madres con “manos verdes” saben perfectamente que a las plantas les gusta tal o cual ventana, tal o cual nivel de luz, crecer en exterior o interior; y tienen formas de hacérnoslo saber».

«Observo cómo se balancean y transforman el movimiento del aire en una música que manifiesta incertidumbre y melancolía. Descubro cómo se yerguen cuando sacian su sed. Advierto su coqueteo con la luz aspirando su energía. Siento sus aromas, que revolotean en el aire para exhibir su sensualidad. Las veo acicalarse con sus flores intentando seducir. Contemplo sus frutos fascinantes mostrando agradecimiento. Reparo en sus hojas enfermas demandando ayuda. Percibo sus lamentos con el fuego; un quejido sordo pidiendo auxilio. Y las veo marchitarse, como signo de dolor en su despedida. En fin, si eso es hablar, las plantas hablan».

Mi agradecimiento por su colaboración a M. Sahrawy, A. Serrato, J. J. Lázaro, R. Porcel, M. J. Pozo, J. A. Ráez, L. Gaspar, E. Pérez, J. Amengual.

Y ya que hablamos del diálogo entre el mundo vegetal y los científicos que lo investigamos, os envío el link a una reciente conferencia mía: http://www.hablandodeciencia.com/articulos/2014/01/17/hdc-y-medio-ambiente-en-granada-porque-investigamos-el-estres-vegetal/#more-18782

Aquí la pregunta fue: ¿POR QUÉ INVESTIGAMOS EL ESTRÉS VEGETAL?, para dar a conocer las últimas investigaciones en detección del estrés en nuestros cultivos, cómo potenciar sus mecanismos de defensa y adaptación, reconocer sus señales de alarma y evitar las enormes pérdidas económicas que el estrés conlleva. Se habló de plantas febriles y fluorescentes, de vinos excelentes producto de uvas estresadas,  de satélites y aviones no tripulados que vigilan la salud de nuestros cultivos y de la agricultura del futuro. Y comprobamos qué tenemos en común todos los seres vivos cuando sufrimos de estrés y el enorme impacto de un factor de estrés no sólo en la economía sino en la historia de un país.

Un nuevo agradecimiento a la plataforma HABLANDO DE CIENCIA por su invitación y por hacer divulgación en formatos tan rigurosos y divertidos.

 

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