Tu piel en mi piel

Me encanta acariciar mi piel. Es un reconocimiento tácito, primitivo, de mi existencia, de mi realidad física. Así he tenido la fortuna de posar ante la cámara de Maritza López para el original proyecto “Músculo Corazón. Maculinidades en México”. La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, con unos dos metros cuadrados de extensión. Sí, sí que es un órgano con una importantísima variedad de funciones, que nos aisla parcialmente del exterior, regulando la temperatura, proporcionándonos la sensación de tacto, de presión, frío y calor, y actuando como primera línea de defensa, protegiéndonos de los patógenos. De hecho, la piel tiene su propia comunidad de bacterias que suman más de un millón en cada centímetro cuadrado, pertenecientes a 1000 especies diferentes. ¡Hay tantas bacterias en nuestra piel como soles en nuestra galaxia, la Vía Láctea! La piel tiene una estructura muy compleja de la que no vamos a hablar aquí, pero una de sus funciones importantes es la producción de vitamina D cuando se expone a la radiación ultravioleta del sol; vitamina D que es imprescindible para poder asimilar el calcio en nuestros huesos y otros minerales. Me puedo imaginar que esa sensación de bienestar que sentimos cuando nos ponemos al sol como los lagartos tenga mucho que ver con la necesidad de sintetizar la vitamina D, ya que esta no es tan fácil de conseguir en una dieta normal. Por cierto, que los reptiles no solo se ponen al sol para calentarse (ya que no pueden regular su temperatura interior como los mamíferos), sino que también lo hacen para sintetizar la vitamina D; según Ferguson y colaboradores (2003) los camaleones a los que se les administra una dieta pobre en vitamina D pasan más tiempo al sol, implicando que de alguna manera sienten la necesidad.

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La vitamina D se sintetiza sobre todo en la parte baja de la epidermis (la capa más externa de la piel), cuya zona interior se conoce como estrato germinativo (formado por el estrato basal debajo y el estrato espinoso encima). Justo ahí es donde se encuentran los melanocitos (ver la entrada Azul en este blog), en el estrato basal (ver figura). La cantidad de sacos de melanina que contienen los melanocitos (bueno, no se llaman sacos, se llaman melanosomas) determina cuanta radiación ultravioleta penetra en el cuerpo (la melanina puede absorver un 99.9% de la radiación UV); estos sacos de Webmelanina se transportan desde la fábrica en los melanocitos hasta su destino en las células adyacentes de la epidermis. Así que, por un lado, la melanina nos protege de la radiación ultravioleta más dañina (que suele producir mutaciones a menudo malignas), y por otro, cuanto menos UV penetra menor es la síntesis de vitamina D.

La cantidad de melanina en la piel es lo que determina la gran variedad en el color de la piel de los humanos. Las pieles más claras dominan en latitudes geográficas elevadas, lejos del ecuador, donde tienen menos cantidad de sol y donde la radiación que llega tiene mucho menos UV (porque los rayos llegan más inclinados y tienen que atravesar un mayor espesor de atmósfera, que absorve el UV). Las pieles más obscuras se localizan principalmente en latitudes bajas, cercanas al ecuador, donde el sol pega mucho más fuerte y la radiación UV es más dañina, así que el cuerpo se protege generando mucha más melanina. El efecto es clarísimo si se representa en un mapa skin_color_mapmundi (ver figura); no hay mucho que objetar, pues esta es muy muy parecida a la distribución de radiación UV que llega a la superficie, según muestran los mapas de NASA. Uno pensaría que no hace falta mirar un mapa para darse cuenta de lo obvio y, de hecho, William Wells ya adelantó en 1813 el papel de la evolución en la pigmentación de la piel humana. Es curioso que Darwin negara positivamente esta posibilidad en El Origen del Hombre (capítulo 7):  “Entre todas las diferencias que existen entre las razas humanas, la más notoria y la más pronunciada es el color de la piel. Antes se creía que los diferentes tintes de la piel provenían de la continua exposición a los diferentes climas … Se ha desechado esa opinión principalmente porque la distribución de las varias razas coloreadas, que en su mayoría habitan desde tiempo inmemorial sus moradas actuales, no coincide con las diferencias correspondientes de clima.” De manera que el color de nuestra piel es una prueba clara y evidente de la adaptación evolutiva de los humanos y que, al parecer, ha evolucionado hasta tres veces de manera independiente (en diferentes migraciones evolutivas a distintas zonas del mundo), desde los tonos más obscuros en pieles más pigmentadas hasta los más rosados en pieles mucho menos pigmentadas.

La movilidad rápida, moderna de los últimos siglos ha promovido que ahora habitemos zonas geográficas menos de acuerdo con el color de nuestra piel, de manera que tanto los de piel clara tenemos que protegernos si vivimos en zonas ecuatoriales, como los de piel obscura han de procurarse dosis extra de vitamina D o de sol si viven en latitudes más alejadas del ecuador. Curiosamente, para un mismo tipo de piel (en las pieles menos pigmentadas), las mujeres han evolucionado para ser mucho más pálidas que los hombres, ya que ellas necesitan dosis extras de calcio y, por tanto, más vitamina D para poder fijarlo.

Voy a terminar mencionando un par de ideas geniales sobre la piel que me han encantado en los últimos años. La primera es la película de Peter Greenaway, The Pillow Book, en el que la protagonista, Nagiko, vive su tormentosa vida marcada por el regalo de cumpleaños que su padre, calígrafo, le hace cada año: dibujar en su piel un texto. El otro proyecto surge de la genialidad de la artista brasileña Angelica Dass, que ha creado un catálogo fotográfico de pieles que generan toda una cartografía de color Pantone, el mapa cromático Pantone de la piel humana. El proyecto de Dass se llama Humanae (http://humanae.tumblr.com) y fotografía todo el rango de tonalidad de piel humana con un color Pantone de fondo tomado de una muestra del rostro en cuestión. Simplemente genial.

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– Ferguson, G.W., et al., 2003. Do panther chameleons bask to regulate endogenous vitamin D3 production? Physiological and Biochemical Zoology, v.76, p.52.

– S.F. Schaffner & P.C. Sabeti, 2008. Evolutionary adaptation in the human lineageNature Education 1(1):14

Pantone es la autoridad de facto en la estandarización de colores y mapas de color a nivel mundial.

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