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El 11 de febrero de 2004 un avezado piragüista de nombre Gene Sparling, paleaba relajadamente con su kayak por los caños del río Cache en el Cache River National Wildlife Refuge, condado de Monroe, Arkansas. Eran la una y media del mediodía, y apretaban el calor y la humedad del bosque inundado que constituye el hábitat más característico de esta zona, uno de los últimos vestigios de los grandes bosques de marisma del SE de los Estados Unidos, perdidos en su mayor parte por la deforestación salvaje de principios del siglo XX. De pronto, inesperadamente y surgiendo en silencio de la nada, un pájaro carpintero grande y de cresta roja, blanco y negro, voló directo hacia él para finalmente posarse a unos veinte metros de distancia en la base de un gran árbol. Algo tan aparentemente trivial supuso el vuelo desde un limbo del que normalmente no se regresa, el de la extinción, al reino lujoso de las especies vivas. El protagonista, considerado el Santo Grial de la ornitología norteamericana, era el magnífico pájaro carpintero de pico de marfil, Campephilus principalis, el tercer pico más grande del mundo y del que no se tenían noticias fiables de su presencia inequívoca desde 1944.

ivory-billed-woodpecker_584_600x450Pico de Marfil. El macho es el del capirote rojo

La especie, como buena parte de los miembros de los pícidos, era (o es) un especialista de bosques maduros, con abundantes troncos muertos y en avanzado estado de descomposición, ricos en gordas y nutritivas larvas de escarabajos xilófagos, la base de su dieta. Un tipo de bosque cada vez más raro, incompatible con las prácticas agroforestales al uso, que retiran y “sanean” sistemáticamente todo resto vegetal muerto y clarean los árboles más viejos, justamente los necesarios para la alimentación y reproducción de los picos. En Europa contamos con un ejemplo parecido a pequeña escala: el Pico dorsiblanco Dendrocopos leucotos es otro especialista en bosques maduros que ha ido desapareciendo a medida que éstos se volatilizaban en manos de la gestión maderera. Hoy en día es una especie rara en toda Europa.

El encuentro con aquel macho de Pico de marfil se convirtió en celebración cuando Sparling, en lugar de olvidar el evento o mantenerlo en un círculo de amistades cercanas, decidió publicarlo en la web. Dos ornitólogos del laboratorio de ornitología de la Universidad de Cornell, Bobby Harrison y Tim Gallagher, leyeron la noticia y quedaron sorprendidos de la aparente veracidad y del rigor taxonómico del encuentro, ya que la especie suele confundirse con otro pico, el Pito crestado Dryocopus pileatus. Contactaron con Sparling y concertaron una excursión al territorio del encuentro. A la una y cuarto del mediodía del 27 de febrero, y a una distancia de 500 metros del punto original del encuentro de Sparling el ave voló directa, casi intencionadamente, frente a la canoa de los investigadores.

La noticia del redescubrimiento supuso un genuino maremoto para la ornitología americana. En los meses siguientes Cornell puso en marcha una exhaustiva campaña de búsqueda mediante equipos de voluntarios en el campo armados de grabadoras, cámaras de video y horas interminables de paciencia para realizar escuchas, ya que habitualmente el animal se ve (o veía) mucho después de haberlo oído. La campaña produjo cinco encuentros visuales adicionales y la filmación del llamado video Luneau –filmado por David Luneau in situ–  en el que, continuando la tradición de este tipo de filmaciones, un objeto volador más o menos blanco y negro, un auténtico OVNI biológico es interpretado y desmenuzado por los autores a partir de unas imágenes de una calidad pésima, para obtener conclusiones tan definitivas como el título de su artículo en la revista Science: “El Ivory-billed woodpecker persiste en Norteamérica” (http://www.sciencemag.org/content/308/5727/1460),

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Tienes que ser muy valiente, o estar muy seguro de tu argumentación, para postular semejante afirmación en Science. No tardaron en aparecer detractores, destacando entre ellos David Sibley, el pope de la ornitología norteamericana y autor de la magnífica guía Birds of North America. Para Sibley http://www.sciencemag.org/content/311/5767/1555.1.full

lo que se ve en el video Luneau no arruina la hipótesis nula, que el pico filmado es en realidad un Pito crestado, y por tanto, aún apoyando los esfuerzos y el trabajo desplegado por Cornell y su equipo, reconociendo su abnegado trabajo en los suampos de Arkansas, las muchas y largas horas de escuchas y prospección, las picaduras de mosquitos,…

El equipo de Fitzpatrick se enredó rápidamente en la polémica, reforzando su argumentación mediante el uso de maquetas a tamaño real de los dos picos en disputa, simulando posturas, actitudes, posiciones en los árboles, filmando en condiciones idénticas a las originales del video Luneau. Mientras tanto nuevas campañas de prospección se sucedían, se conseguía grabar el doble tamborileo de la especie, carácter diagnóstico, se prospectaba hábitat potencial en nuevos territorios. Pero el daño ya estaba hecho, y poco a poco, imperceptiblemente, el animal que había recuperado trabajosamente su corporeidad un par de años, comenzó de nuevo a translucirse, lentamente a transparentarse, e inició de nuevo su travesía del Hades. La puntilla definitiva vino de la mano de otro artículo demoledor: Using Anecdotal Occurrence Data for Rare or Elusive Species: The Illusion of Reality and a Call for Evidentiary Standards, de Mckelvey y colegas http://nctc.fws.gov/csp/Resources/dev_ba/mis_info/using_anecdotal_ccurance_data_for_rare_or_exlusive_species%20-%20Bioscience%20-%206-08.pdf, en el que uno de los ejemplos utilizados era la historia del pico de marfil y su redescubrimiento entre 2004 y 2006. Para el equipo de Mckelvey era obligado postular un redescubrimiento sensacional basándose en pruebas rigurosas, o la falta de seriedad arruinaría futuras campañas bien justificadas. En 2010 el laboratorio de Ornitología de Cornell retiraba los fondos para nuevas prospecciones. Parecía definitivamente el fin de un sueño.

Sin embargo, como Scorsese nos recordaba en La última tentación de Cristo, no vamos a estar siempre dispuestos a aceptar simplemente la verdad cuando una buena historia la mejora. Hay muchos aspectos colaterales de este relato que mueven a reflexión: su redescubrimiento supuso el cambio, más bien el nacimiento de la estrategia de conservación de la especie, catalogada En peligro de extinción desde 1967. Esto implica en Estados Unidos movilizar fondos públicos -4.200.00 $ de fondos federales más dos millones adicionales en becas para la especie; más de 10 millones $ en fondos privados- o proteger hábitat – en Arkansas, más de 7400 ha de bosques pantanosos han sido declarados protegidos como hábitat potencial del Pico de marfil. Pero es que en el condado de Monroe el turismo alrededor del ave floreció, y miles de ornitólogos acudieron cada año prismáticos en ristre a el Lourdes de la ornitología; algunos volvieron contando haber visto a la especie, multiplicando viralmente la atracción de la zona, una de las más pobres de los Estados Unidos. El espejismo ha durado algunas temporadas. Hoy los carpinteros de madera, las t-shirts y las tazas de café con el ave y el nombre del condado se acumulan en los desvanes de los habitantes de Monroe. Ya nadie quiere el corte de pelo pájaro carpintero que ofrecía el Penny’s Hair Care. La quimera parece desvanecerse de nuevo…

Pero no, nunca: en criptozoología la esperanza no se pierde nunca, o nos quedamos sin la madre patria. En 2010 el US Fish & Wildlife Service publica el Plan de Recuperación del Pico de Marfil http://www.fws.gov/ivorybill/pdf/ibwrecoveryplan2010.pdf, un Plan de recuperación de una especie muy probablemente extinta desde 1944, y recomienda gastar 27 millones $ (!) en la conservación de la especie. No se trata de recrear parque jurásico: se trata de mantener viva una idea en forma de especie, con la esperanza de que rinda efectos colaterales positivos para la conservación de un hábitat amenazado y sus especies acompañantes, a la espera. ¿Pero a la espera de qué, en realidad? En la caverna de Platón confundimos las sombras en la pared con las formas ideales que las configuran. Es cierto, pero como Vladimir y Estragón seguiremos, temporada tras temporada, tercamente a la espera.

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