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Para mí, no hay vida antes del café. Recobrar la consciencia cada mañana me cuesta un mundo, de no ser por la ayuda de una, dos (a veces tres) tazas de café. Reconozco ser un adicto a esta sustancia; adicción que comparto con miles de millones de seres humanos . Hace unos días, enfrentándome a mi calvario matinal, me asaltó una extraña idea.  Tal vez esta dependencia tan generalizada del café sea el resultado de una conspiración para Dominar el Mundo ¿y quién podría ser el perpetrador de esta infamia? ¿Será alguno de los sospechosos habituales (la CIA, el Vaticano, las Farmaceúticas, Monsanto)? No. En este caso la cosa va todavía más lejos. Quien verdaderamente se beneficia de esta situación, quien ha fabricado la sustancia adictiva y quien nos ha condicionado para producirla masivamente, no es una persona ni una institución… es una planta.

Coffea arabica. Café para los amigos. Un arbusto de la familia de las rubiáceas, cuyo origen evolutivo parece estar situado en Etiopía ¿Por qué un arbusto se molesta en fabricar una sustancia adictiva para los humanos y acumularla en sus semillas? Naturalmente, para obligarnos a dedicar miles de hectáreas a su cultivo, con lo que se ha incrementado exponencialmente la población mundial de plantas de café en todo el planeta.

Es posible que piensen que les estoy tomando el pelo. Después de todo, es improbable que los arbustos de Coffea ‘piensen’, en el sentido habitual de la palabra (o si ‘piensan’ de alguna manera, es improbable que sean tan endiabladamente listos).  Estoy de acuerdo. Las plantas no “decidieron conscientemente” producir cafeína para esclavizarnos. Sin embargo, dejando aparte el hecho evidentemente de que las plantas no son conscientes (en el sentido habitual del término), el núcleo de la idea se mantiene. Algunas especies producen cafeína y eso hace que los humanos nos volvamos locos y estemos dispuesto a ayudar a la reproducción de estas mismas especies para que continúen haciéndolo. Desde el punto de vista económico, nosotros utilizamos a las plantas; desde el punto de visto evolutivo, algunas plantas nos utilizan a nosotros.

En realidad la idea es aplicable a todas las plantas cultivadas ¿Por qué se molesta el manzano en poner agua, azúcares y sustancias aromáticas en el fruto? Para que un animal se lo coma y contribuya a esparcir las semillas. En algunos casos, el animal se limitará a dejar la semilla a una distancia razonable del origen y debidamente abonada, lo cual es bueno en términos evolutivos para el manzano. Si el animal no se limita a esto, sino que se toma la molestia de eliminar a toda la vegetación competidora para plantar nuevos árboles  y los defiende con uñas y dientes de enfermedades y plagas, el resultado es evolutivamente fantástico.

Debo confesar que la idea no es mía, aunque la comparto, sino del ensayista Michael Pollan , desarrollada en su libro “The Botany of Desire”. Nota curiosa: el libro fue un best-seller en el año 2001 y fue editado en español por una editorial especializada en libros –no de Ciencia- sino de Gastronomía (LA BOTANICA DEL DESEO: EL MUNDO VISTO A TRAVES DE LAS PLANTAS MICHAEL POLLAN, CUADERNOS MUGARITZ DE GASTRONOMIA, 2008, ISBN 9788493531034).

Reconozco que me he metido en un asunto espinoso. Por un lado, la idea de que los seres vivos tienen “fines” es innegable para la Biología Evolutiva, por otro lado, los términos “fines”, “estrategia” o “manipulación” implican la intervención de una mente consciente al estilo humano.  La contradicción es más bien semántica. Simplemente, estas palabras tienen en Biología un significado distinto del corriente. No voy a entrar ahora en el meollo de este arduo debate. Para salir de este “jardín”, dedicaré el resto del post a hablar de un trabajo reciente en el que estudian, justamente, la relación entre las plantas, la cafeína y un animal no-humano: la abeja.

En este trabajo los investigadores añadieron pequeñas cantidades de cafeína al néctar de las flores y estudiaron el efecto que tenía esta sustancia en el comportamiento de las abejas. En la naturaleza las flores típicamente “recompensan” a los insectos polinizadores con azúcares y otras sustancias. Para muchas especies vegetales el trabajo de estos insectos es absolutamente esencial para su reproducción. De aquí que la selección natural haya favorecido todo tipo de estrategias de atracción. Es bien conocido el caso de las orquídeas que imitan el aspecto y el olor de las hembras de algunos insectos para hacer creer a los machos que van a aparearse, y en el proceso acaban extendiendo el polen de la orquídea. En otros casos la estrategia es, por así decirlo, más limpia: yo te doy un poco de azúcar y tú me haces el trabajo de polinización. De hecho, se sabe que las flores del café y de algunas especies del género Citrus contienen pequeñas cantidades de cafeína.

Pero ¿por qué cafeína? Los investigadores descubrieron que la adición de esta sustancia potenciaba enormemente la memoria de las abejas; es decir, las abejas recordaban la asociación entre el néctar y la recompensa durante un tiempo mucho más largo que en el caso de que la recompensa sólo contuviera azúcar. Naturalmente, esto aumenta la probabilidad de que el insecto vuelva a posarse sobre una flor del mismo tipo y con ello las probabilidades de reproducción  de la planta. En cambio, concentraciones excesivas de cafeína confieren un sabor amargo y resultan repelentes para las abejas (y para algunos humanos).

Hace tiempo que sabíamos que muchas plantas fabrican néctar azucarado para reforzar la conducta polinizadora de los insectos. Ahora sabemos que la cosa funciona mucho mejor si la planta, además, invita a la abeja a tomar un café.

http://www.sciencemag.org/content/339/6124/1202.abstract

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